GUERRA EN UCRANIA: Situación geopolítica al 1 de marzo de 2025
Situación en el frente de batalla (avances y retrocesos)
Tras tres años de conflicto, Rusia mantiene ocupadas partes significativas del este y sur de Ucrania, aproximadamente un 20% del territorio . Las regiones bajo control ruso incluyen zonas de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón . Ucrania logró recuperar terreno en su contraofensiva de 2023, revirtiendo algunas ocupaciones previas, e incluso realizó incursiones limitadas en la región rusa de Kursk durante una ofensiva de varios meses . Sin embargo, el ritmo de los cambios territoriales se ha ralentizado considerablemente desde finales de 2023, tras intensos combates como la batalla de Avdiivka, ciudad industrial en Donetsk que cayó en manos rusas a inicios de 2024 .
Actualmente, los frentes están relativamente estancados, con combates focalizados. Las fuerzas rusas han redirigido esfuerzos hacia el llamado “cinturón de fortalezas” ucraniano en Donetsk: una línea defensiva clave que abarca ciudades como Sloviansk, Kramatorsk, Druzhkivka y Kostyantynivka . Moscú ha redesplegado miles de soldados (divisiones 20.ª y 150.ª) a sectores como Toretsk y Pokrovsk, buscando presionar especialmente Kostyantynivka, el extremo sur de esa línea defensiva . No obstante, analistas militares dudan de la capacidad rusa para lograr avances mayores a corto plazo. Según el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), las tropas del Kremlin están recurriendo a asaltos costosos en mano de obra que difícilmente tendrán éxito contra defensas ucranianas bien fortificadas . Además, mantener una campaña ofensiva de varios años podría ser insostenible para Rusia debido a sus crecientes pérdidas de personal y material . Ambas partes muestran signos de desgaste: Rusia enfrenta bajas elevadas y ha movilizado reservistas, mientras Ucrania ve exhaustas a algunas de sus unidades y afronta desafíos de reclutamiento tras un conflicto tan prolongado . En suma, al inicio de marzo de 2025 el frente se caracteriza por una guerra de desgaste con avances muy limitados y costosos para ambos bandos, sin cambios territoriales decisivos recientes.
Ataques recientes a infraestructuras críticas
Rusia ha continuado una campaña de bombardeos contra infraestructuras civiles y energéticas de Ucrania, especialmente durante el invierno. A mediados de enero de 2025 lanzó un ataque masivo con más de 40 misiles y 70 drones Shahed, dirigidos principalmente contra el sistema eléctrico y objetivos energéticos en diversas regiones . Las defensas aéreas ucranianas derribaron unos 30 misiles, pero el resto impactó en instalaciones, incluyendo infraestructuras gasísticas, causando nuevos apagones . El presidente Zelenski denunció que Moscú sigue buscando colapsar la red eléctrica en pleno invierno para quebrar la resistencia del pueblo ucraniano . Estos ataques a la red energética –repetidos durante los meses fríos de 2022, 2023 y 2024– han dejado a millones de civiles a oscuras y con cortes de calefacción intermitentes.
Ucrania, por su parte, ha llevado a cabo operaciones de represalia o sabotaje contra objetivos estratégicos rusos. Un día antes del bombardeo masivo de enero, Kiev lanzó su propia ofensiva con drones de largo alcance contra infraestructuras militares dentro de Rusia –en regiones como Briansk, Sarátov, Tula y Tartaristán, a hasta 1.100 km de distancia– en la que golpeó varias bases aéreas y depósitos logísticos . A lo largo de 2023 y 2024, también se han producido misteriosas explosiones e incursiones en territorio ruso atribuidas a Ucrania, incluyendo ataques al puente de Crimea (Kerch), infraestructura crítica que conecta la península ocupada con Rusia. Por ejemplo, en julio de 2023 una explosión dañó gravemente este puente –por segunda vez desde el inicio de la invasión–, dejó al menos dos muertos y cortó el tráfico vial y ferroviario durante días . Moscú acusó a comandos ucranianos por el sabotaje, subrayando la importancia estratégica de dicho puente para sus líneas de suministro .
Otro golpe devastador a infraestructura crítica fue la destrucción de la presa de Nova Kajovkaen el río Dniéper. El 6 de junio de 2023, la enorme represa fue volada, liberando de golpe el inmenso embalse que abastecía de agua al sur de Ucrania . La inundación subsiguiente arrasó decenas de localidades a lo largo del valle: unas 3.000 personas perdieron sus hogares inmediamente y alrededor de 1 millón quedaron sin acceso a agua potable, además de cortar la electricidad a 140.000 usuarios . Este desastre –que Ucrania atribuye a un ataque ruso deliberado, mientras Rusia alega una “provocación” de Kiev– causó daños humanitarios, ambientales y económicos enormes, estimados en más de 13.000 millones de euros . En definitiva, los ataques a infraestructura se han convertido en parte central de la estrategia rusa para minar la resistencia ucraniana, al tiempo que Ucrania demuestra capacidad de golpear logística e infraestructura clave del enemigo, extendiendo el conflicto más allá de las líneas del frente.
Respuesta militar y apoyo de la OTAN y Occidente
Las potencias occidentales, lideradas por la OTAN, han sostenido un firme apoyo militar a Ucrania desde el inicio de la invasión, intensificándolo conforme avanzaba la guerra. A lo largo de 2022-2024, Estados Unidos comprometió una asistencia sin precedentes: cerca de 174.200 millones de dólares en ayuda a Ucrania (sumando ayuda militar, humanitaria y financiera) . Solo en apoyo puramente militar, Washington ha destinado unos 69.200 millones de dólares desde 2014 (cuando comenzó la agresión rusa en Crimea y Donbás) hasta 2024 . Este apoyo se ha traducido en suministros constantes de armamento moderno. Inicialmente Occidente proveyó sistemas portátiles antitanque (Javelin, NLAW) y antiaéreos (Stinger), pero con la escalada bélica empezaron a entregar equipos más pesados: artillería de largo alcance (HIMARS), sistemas avanzados de defensa aérea (NASAMS, Patriot), vehículos blindados y eventualmente tanques de batalla occidentales. En 2023 varios países de la OTAN (Reino Unido, Polonia, Alemania, España, EE.UU., entre otros) enviaron decenas de tanques modernos –Leopard 2, Challenger 2 y M1 Abrams– que reforzaron a Kiev en su contraofensiva . Hacia finales de 2024, se conformó además una “coalición de cazas” para entrenar pilotos ucranianos en el manejo de F-16 y otros aviones de combate occidentales, con miras a dotar a Ucrania de superioridad aérea en el futuro cercano .
Europa también ha incrementado su respaldo. El Reino Unido, por ejemplo, no solo fue de los primeros en proporcionar tanques y misiles de crucero Storm Shadow, sino que recientemente anunció un préstamo de 2.840 millones de dólares para fortalecer la producción militar ucraniana . Durante una reunión en Downing Street en febrero de 2025, el primer ministro británico Keir Starmer reafirmó ante Zelenski el compromiso de Londres y su voluntad de “lograr una paz duradera” garantizando que Ucrania pueda defenderse en el largo plazo . Los países bálticos y Polonia, por su parte, han aportado un porcentaje significativo de su PIB en ayuda militar, y naciones como Alemania, Francia, Canadá e Italia han contribuido con obuses, vehículos, munición y entrenamiento para las fuerzas ucranianas. La OTAN en su conjunto ha reforzado su flanco oriental –desplegando más tropas en Polonia, Rumanía y los países bálticos– para disuadir cualquier expansión del conflicto más allá de Ucrania. Incluso ha ampliado sus filas: Finlandia se adhirió formalmente a la Alianza en 2023, doblando la longitud de la frontera OTAN-Rusia, y Suecia está en proceso de ingreso, lo que refleja cómo la guerra ha motivado mayor unidad defensiva occidental.
Políticamente, Occidente mantiene (con contadas excepciones) un frente común de apoyo. La Unión Europea ha brindado asistencia financiera macroeconómica a Kiev, ha ofrecido rutas alternativas para exportar el grano ucraniano tras el bloqueo ruso del Mar Negro, y ha impulsado programas de entrenamiento para soldados ucranianos en suelo europeo. Los líderes occidentales se han reunido periódicamente para coordinar estrategias de ayuda: en la Conferencia de Seguridad de Múnich (febrero 2025), representantes de EE.UU. (como el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio) aseguraron a Zelenski la continuidad del apoyo, considerándolo clave para la seguridad europea . Asimismo, en Londres se convocó una cumbre de líderes europeos a finales de febrero de 2025, donde Starmer subrayó el “apoyo colectivo inamovible” de Europa a Ucrania y la necesidad de garantizar una paz justa y duradera que preserve la soberanía ucraniana . Esta solidaridad occidental, materializada en armamento e inteligencia, ha sido crucial para que Ucrania resista las ofensivas rusas. No obstante, la llegada de una nueva administración en Washington en 2025 (el presidente Donald Trump asumió en enero) ha introducido cierta incertidumbre: Trump ha cuestionado los costos del apoyo a Kiev y ha mantenido choques diplomáticos con Zelenski, generando dudas sobre el futuro del respaldo estadounidense . Pese a tensiones puntuales, hasta ahora los aliados occidentales siguen comprometidos en no dejar sola a Ucrania frente a la agresión rusa.
Sanciones y reacciones diplomáticas contra Rusia
Desde el inicio de la invasión, los países occidentales han respondido con duras sancioneseconómicas y diplomáticas para presionar a Rusia. La Unión Europea, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Japón, Australia y otros han implementado múltiples rondas de sanciones dirigidas a ahogar la maquinaria de guerra del Kremlin. A finales de febrero de 2025, la UE aprobó ya su 16.º paquete de sanciones contra Moscú . Estas nuevas medidas –coordinadas en vísperas del tercer aniversario de la guerra– buscan cerrar resquicios en regímenes previos: por ejemplo, prohíben transacciones con puertos y aeropuertos rusos usados para eludir el precio tope impuesto al petróleo ruso, y añaden 73 buques a la lista de la llamada “flota en la sombra” que transporta crudo evadiendo controles . Asimismo, la UE amplió en 2025 las restricciones a la importación de metales rusos (vetando totalmente el aluminio ruso) y sancionó a empresas de terceros países que ayuden a Rusia a obtener tecnología de uso dual . En total, miles de individuos –incluyendo oligarcas, altos funcionarios y militares rusos– han sido sancionados con congelación de activos y prohibición de viaje, y sectores enteros de la economía rusa (banca, defensa, energía) enfrentan severas restricciones para acceder a mercados internacionales.
Diplomáticamente, Rusia se encuentra aislada de muchas instituciones occidentales. Fue suspendida o expulsada de foros como el Consejo de Europa y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. La Corte Penal Internacional emitió en 2023 órdenes de arresto contra el presidente Vladímir Putin (por la deportación ilegal de niños ucranianos) , lo que limita sus viajes al extranjero a países aliados. No obstante, Moscú mantiene el respaldo o la neutralidad de varios actores globales importantes. China y India, si bien oficialmente piden diálogo y respeto a la soberanía, no han secundado las sanciones: continúan comprando petróleo y gas rusos con descuento, ayudando a apuntalar los ingresos rusos por exportaciones energéticas. Turquía se ha ofrecido como mediador en la medida de lo posible (auspiciando, por ejemplo, el ya expirado acuerdo de exportación de grano ucraniano por el Mar Negro en 2022-2023) y también ha evitado sanciones plenas contra Rusia, aunque suministra drones a Ucrania. Países como Irán y Corea del Norte han proveído armamento al Kremlin (drones kamikaze, municiones) desafiando los embargos internacionales . En América Latina y África, varios gobiernos han optado por la no alineación, manteniendo relaciones con Moscú.
Dentro de Europa, la unidad frente a Putin ha resistido en términos de sanciones y ayuda militar, pero hay voces disidentes. El primer ministro húngaro Viktor Orbán ha pedido abiertamente que la UE entable conversaciones directas con Putin para un alto el fuego, criticando la eficacia de las sanciones . Sin embargo, la mayoría de líderes europeos sostienen que ceder ahora validaría la agresión. De hecho, el Presidente del Consejo Europeo, António Costa, inició consultas para consensuar qué garantías de seguridad ofrecer a Ucrania y cómo apoyar una eventual negociación sin dividir a Europa . Este debate se da en un contexto de aparente deshielo entre Washington y Moscú: a comienzos de 2025, Estados Unidos (bajo la nueva administración Trump) reanudó contactos de alto nivel con Rusia. Hubo reuniones en países terceros –por ejemplo, un encuentro previsto en Riad entre el canciller ruso Serguéi Lavrov y el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio– para explorar una posible normalización parcial y sentar bases de negociaciones de paz . Estas señales han alertado a Ucrania y a socios europeos, que temen verse marginados en cualquier acuerdo cocinado entre las superpotencias.
Las reacciones diplomáticas occidentales también incluyen esfuerzos por mantener la atención internacional en la guerra. En la ONU, resoluciones de la Asamblea General han condenado la invasión (con el apoyo de alrededor de 140 países en 2022) y declarado “ilegales” las anexiones unilaterales rusas de territorios ucranianos. Occidente ha tratado de contrarrestar la narrativa rusa en el Sur Global –donde Moscú culpa a las sanciones de agravar la crisis alimentaria y energética– señalando que es la agresión rusa la que desestabiliza la economía mundial. A tres años del inicio del conflicto, las sanciones han contribuido a que la economía rusa entre en recesión en 2022, y aunque en 2023 mostró resiliencia gracias a altos precios de la energía y importaciones paralelas, enfrenta escasez de componentes tecnológicos, fuga de capital humano (cientos de miles de rusos emigraron) y un futuro de estancamiento. Más de la mitad de la población rusa reconoce ya impactos negativos de la guerra en su vida cotidiana (movilizaciones, inflación) . En resumen, la presión diplomática y económica sobre Rusia es elevada y constante, buscando aislarla en el largo plazo, aunque Rusia sigue contando con ciertos aliados y vías para eludir completamente ese cerco.
Posibilidades de negociación y perspectivas del conflicto
A inicios de 2025, las perspectivas de una solución negociada al conflicto siguen siendo inciertas. Ucrania mantiene como condición irrenunciable la restauración de su integridad territorial (incluyendo Crimea y el Donbás) y exige que Rusia responda por la agresión. El gobierno de Volodímir Zelenski ha promovido un plan de paz de 10 puntos –presentado ante la ONU en 2023– que pide, entre otras cosas, la retirada total de tropas rusas, la devolución de deportados, justicia por crímenes de guerra y garantías de seguridad internacionales para Ucrania. Moscú, por el contrario, hasta ahora se niega a contemplar retiradas y ha insistido en que Kiev acepte las “nuevas realidades” sobre el terreno (es decir, la pérdida de territorios ocupados). De hecho, el Kremlin ha dado recientes señales poco alentadoras: el portavoz Dmitri Peskov llegó a cuestionar la propia soberanía de Ucrania como Estado en febrero de 2025, insinuando condiciones maximalistas que podrían “invalidar cualquier acuerdo futuro” si no se adaptan a las exigencias rusas . Estas declaraciones sugieren que Putin, lejos de buscar una paz equilibrada, podría intentar ganar tiempo o consolidar conquistas mediante un alto el fuegoventajoso.
No obstante, la prolongación de la guerra comienza a generar presiones para explorar vías diplomáticas. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha introducido una dinámica nueva: Washington ha abierto contacto directo con Moscú tras años de ruptura. En la mencionada reunión en Arabia Saudita, el canciller Lavrov afirmó que EE.UU. “puede ayudar a resolver el problema” dado el papel que ha jugado en Ucrania . Paralelamente, Zelenski realizó giras diplomáticas por Oriente Medio (visitando Arabia Saudita, Qatar) y Asia en busca de apoyo y mediación, aunque dejó claro que Ucrania no aceptará quedar al margen de ninguna negociación: Kiev no reconocerá acuerdos sobre Ucrania “alcanzados sin su participación” efectiva . Esta postura fue respaldada por los aliados europeos, que insisten en que no puede haber discusiones sobre el futuro de Ucrania sin Ucrania en la mesa. Líderes como el español José Manuel Albares advierten que un mero alto el fuego impuesto sería solo “un paréntesis entre dos guerras” –permitiendo a Rusia rearmarse para atacar de nuevo– y que por ello cualquier paz debe ser “justa, duradera y global” . En Londres, la cumbre impulsada por Starmer con presencia de Zelenski subrayó precisamente ese punto: apoyo firme a Ucrania hasta que haya una paz verdadera, no simplemente la congelación del conflicto .
En los próximos meses, mucho dependerá de la situación militar y del clima político internacional. Si ninguna de las partes logra victorias claras en el frente, podría aumentar la presión para negociar. En Occidente, aunque el apoyo a Ucrania sigue fuerte, se observa cierto cansancio en la opinión pública por la guerra prolongada y preocupación por la estabilidad económica. Esto podría traducirse en llamados más fuertes a la diplomacia, especialmente si Rusia insinúa disposición a algún compromiso (por ahora no evidente). Por otro lado, si Rusia intenta una nueva ofensiva en primavera de 2025 o si Ucrania recibe armamento adicional (por ejemplo, aviones de combate) y lanza una contraofensiva exitosa, ambas situaciones podrían influir los cálculos. Un avance ucraniano significativo fortalecería su posición negociadora, mientras que un estancamiento absoluto podría favorecer propuestas de mediadores para congelar líneas.
Actualmente hay múltiples iniciativas en juego: China presentó un plan de paz en 2023 y sigue abogando por negociaciones (aunque Occidente lo vio con escepticismo por ser vago y favorable a Moscú). Turquía y la ONU podrían intentar reactivar acuerdos humanitarios (como el de exportación de granos) que sirvan de puente a contactos políticos. Incluso el Papa Francisco y países no alineados (Brasil, India, el G20) han ofrecido sus buenos oficios para sentar a las partes. Sin embargo, la desconfianza es altísima: Ucrania exige garantías concretas de seguridad –por ejemplo, un compromiso de defensa por parte de potencias nucleares– antes de cualquier concesión, mientras Rusia no muestra intenciones de devolver territorio. A corto plazo, es posible que se explore un cese al fuego temporal en algunas zonas o intercambios de prisioneros/ampliación de corredores humanitarios, pero un acuerdo de paz integral tardaría en materializarse. En palabras de Emmanuel Macron, “no se vislumbra aún una paz porque Putin no da señales de quererla” . Así, el conflicto podría prolongarse bien entrado 2025 en forma de guerra de desgaste, a menos que factores externos (como un cambio interno en Rusia, o una drástica alteración del apoyo occidental) obliguen a un giro hacia la negociación.
Impacto humanitario y económico en Ucrania y el mundo
La guerra ha infligido un enorme costo humano en Ucrania. Las Naciones Unidas han verificado al menos 12.654 muertes de civiles ucranianos hasta febrero de 2025 , incluyendo cientos de niños, aunque admiten que la cifra real es considerablemente mayor dado que muchos decesos en zonas ocupadas no han podido ser documentados. Escenas de matanzas de civiles, como las masacres cometidas por tropas rusas en Bucha e Izium durante la primera fase de la invasión (marzo-abril de 2022), conmocionaron al mundo y dieron pie a acusaciones de crímenes de guerra. Millones de ucranianos han sufrido bombardeos indiscriminados de sus ciudades: Mariúpol, Severodonetsk, Lisichansk, Bajmut, Járkiv, Mikolaiv, Jersón, Kiev… prácticamente ninguna región del país quedó indemne de la destrucción. Según la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), 10,6 millones de ucranianos han tenido que abandonar sus hogares . De ellos, 3,7 millones son desplazados internos, reubicados dentro del país, y 6,9 millones han huido al extranjero como refugiados . La mayoría de estos refugiados se encuentran acogidos en países europeos vecinos –Polonia, Alemania, República Checa, Rumanía y otros–, mientras que una parte menor (proveniente sobre todo del Donbás y sur de Ucrania) se desplazó hacia Rusia. Esta es la mayor crisis de desplazados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. En la Unión Europea, más de 4 millones de ucranianos obtuvieron protección temporal; España por ejemplo ha recibido a 236.000 de ellos en tres años . Las olas migratorias y la separación de familias (hombres en edad militar no pueden salir de Ucrania por la ley marcial) han provocado un trauma social difícil de cuantificar.
En cuanto a las bajas militares, ambas partes ocultan sus cifras exactas, pero las estimaciones independientes apuntan a un saldo escalofriante. Investigaciones de medios rusos independientes (Mediazona/BBC) han confirmado la muerte de más de 95.000 soldados rusos mediante registros públicos (cifras a inicios de 2025) , aunque las pérdidas reales serían mayores si se incluyen heridos graves. Ucrania también ha sufrido pérdidas elevadas: el propio Zelenski reconoció recientemente que cerca de 46.000 militares ucranianos han fallecido en combate , además de “decenas de miles” que se encuentran desaparecidos o en cautiverio. Esto situaría el número total de bajas (muertos y heridos) de cada bando en varios cientos de miles desde 2022. Además, hay informes de más de 15.000 civiles ucranianos desaparecidos o deportados a la fuerza a Rusia (incluyendo miles de niños separados de sus familias, tema que motivó la orden de arresto de la CPI contra Putin). Las consecuencias psicológicas y sociales de esta sangría son profundas: casi toda familia ucraniana tiene algún ser querido combatiendo en el frente o conoce a alguien que ha muerto por la guerra.
La destrucción física es inmensa. Ciudades enteras como Mariúpol o Bajmut quedaron reducidas a escombros tras meses de sitio y bombardeos. Según el gobierno ucraniano, más de 2 millones de viviendas (alrededor del 10% de todo el parque habitacional del país) han sido destruidas o gravemente dañadas . Centenares de hospitales, escuelas y iglesias han sido alcanzados. Infraestructura crítica –puentes, carreteras, aeropuertos, ferrocarriles, redes eléctricas y de telecomunicaciones– ha sufrido daños extensos. El sistema eléctrico ucraniano en particular fue objeto de unos 100.000 bombardeos rusos (misiles, drones) desde 2022 , dejando al país enfrentando apagones continuos durante los inviernos. El costo económico para Ucrania es enorme: el PIB ucraniano se desplomó un 30% en 2022 debido a la invasión , la peor caída en su historia moderna. En 2023 la economía se estabilizó parcialmente gracias a la ayuda externa y a cierta adaptación (se estima un leve crecimiento del 2-3%), pero la actividad sigue muy por debajo de niveles prebélicos. Sectores como la industria metalúrgica, la minería, la agricultura y el comercio sufrieron pérdidas catastróficas por la ocupación de territorios y la destrucción. El Banco Mundial calculó en 2023 que el coste de reconstrucción de Ucrania ya superaba los 400.000 millones de dólares, cifra que sigue al alza a medida que la guerra continúa. La inflación en Ucrania se disparó más del 20% anual en 2022-2023, y aunque el gobierno mantiene la estabilidad macroeconómica con el apoyo del FMI, el país depende de inyecciones mensuales de asistencia internacional para pagar salarios, pensiones y sostener el esfuerzo bélico.
A nivel global, la guerra en Ucrania ha tenido repercusiones económicas y humanitarias de amplio alcance. En 2022 provocó disrupciones en cadenas de suministro e incrementos súbitos de precios de energía y alimentos. Un estudio alemán estimó que el conflicto costó a la economía mundial más de 1,6 billones de dólares solo en 2022 , al frenar el crecimiento global en aproximadamente 0,2 puntos porcentuales. Los precios del petróleo y el gas alcanzaron máximos no vistos en una década durante 2022, especialmente tras las sanciones al crudo ruso y el corte del suministro de gas a Europa. Europa vivió una aguda crisis energética: antes de la guerra, Rusia suministraba el 40% del gas de la UE; para finales de 2023 esa dependencia se redujo al ~15% mediante ahorro, diversificación a gas natural licuado y otras fuentes , pero a costa de precios elevados para industrias y hogares. La escasez energética contribuyó a que la inflación en la eurozona se disparara por encima del 10% a finales de 2022. Asimismo, la guerra desestabilizó el mercado mundial de cereales y fertilizantes. Ucrania –tradicional granero de maíz, trigo y aceite de girasol– vio bloqueadas sus exportaciones por el Mar Negro durante meses, lo que encareció estos alimentos básicos. Países en África y Oriente Medio, muy dependientes del grano ucraniano y ruso, sufrieron aumentos de precios que agravaron la inseguridad alimentaria. Aunque el Acuerdo de Granos del Mar Negro mediado por Turquía alivió parcialmente la situación en 2022, su ruptura en 2023 volvió a generar temores de escasez. En América Latina, por ejemplo, se advirtió que el fin de ese acuerdo podría elevar el hambre en la región .
Además del impacto económico, la guerra ha reconfigurado la geopolítica global de recursos: Europa aceleró su transición hacia energías renovables y busca autonomía energética, mientras Rusia volvió su exportación de gas y petróleo hacia Asia con descuentos. El conflicto también llevó a un aumento de los presupuestos de defensa en muchos países de la OTAN, reactivando sus industrias militares para reponer arsenales, lo que beneficia a ese sector pero supone desviar recursos de otros ámbitos. Al mismo tiempo, organizaciones humanitarias internacionales han tenido que atender a millones de refugiados ucranianos, brindando asistencia en campos de acogida en Polonia, Rumanía, Moldavia, etc., con un costo significativo.
En síntesis, la guerra en Ucrania al 1 de marzo de 2025 ha dejado una huella humanitaria trágica –decenas de miles de muertos, millones de desplazados y un país devastado– y ha sacudido la economía mundial –impulsando la inflación, frenando el crecimiento y alterando mercados energéticos y alimentarios– . Pese a ello, el pueblo ucraniano ha mostrado resiliencia y unidad frente a la agresión, adaptándose a una “nueva normalidad” de sirenas antiaéreas y restricciones, con la esperanza de una paz justa. La comunidad internacional, por su parte, encara el desafío de sostener el apoyo a Ucrania y al mismo tiempo buscar una salida negociada que detenga el derramamiento de sangre, consciente de que las decisiones tomadas en torno a esta guerra sentarán precedentes cruciales para la seguridad europea y el orden global futuro.
Fuentes: Actualidad de El País, France24, Infobae, EFE, ONU/ACNUR, ISW, entre otras . Todas las cifras y hechos mencionados cuentan con respaldo documental de informes verificados y agencias de noticias internacionales.

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